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Hay muchas maneras de medir la presencia hispana en el Condado de Fairfax.
Una está en las cifras: más de 210,000 residentes hispanos y latinos viven en el condado. Otra está mucho más cerca: en una panadería de barrio, una pupusería, un restaurante familiar, una madre que aprende inglés, los padres que acompañan a sus hijos en la escuela o los jóvenes que crecen viendo a personas de su propia comunidad ocupar posiciones de liderazgo.
Esas historias estuvieron presentes el 15 de septiembre, cuando la Junta de Supervisores proclamó oficialmente del 15 de septiembre al 15 de octubre como Mes de la Herencia Hispana en el Condado de Fairfax.
La proclamación reconoce las historias, culturas, tradiciones y contribuciones de los hispanos y latinos, así como su aporte a las comunidades, la fuerza laboral, la economía y la vida cívica.
El presidente de la Junta, Jeff McKay, describió esa diversidad como una de las grandes fortalezas de Fairfax: algo que puede verse, dijo, en todos los rincones del condado.
La proclamación fue impulsada por McKay junto con los supervisores Dalia Palchik, del Distrito de Providence, y Andrés Jiménez, del Distrito de Mason. María Demarest, enlace con las familias de la Escuela Primaria Bailey’s para las Ciencias y las Artes y con 37 años de servicio en las Escuelas Públicas del Condado de Fairfax, recibió la proclamación en nombre de toda la comunidad hispana.

Dalia Palchik nació en Argentina y creció en el condado de Fairfax. Tiene una trayectoria profundamente ligada a la educación y al servicio público local. Fue alumna, maestra de idiomas y representante del Distrito de Providence en la Junta Escolar de las Escuelas Públicas del Condado de Fairfax. Para Palchik, la celebración también comienza en su propia historia familiar.
Durante la ceremonia recordó a su madre, que pasó de tomar clases de inglés a trabajar en catering, y a su padre, que reparaba casas en la comunidad. Esa experiencia influye en cómo piensa hoy en las oportunidades de las nuevas generaciones.
En su conversación con NotiCentro, Palchik habló de un Fairfax muy distinto al de su infancia. Hoy ve la presencia hispana en los negocios, los restaurantes, las escuelas, la educación y las familias, pero también en una nueva generación de líderes que comienza a hacerse visible.

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Es importante que nuestros jóvenes hispanos puedan verse no solo como parte de la comunidad, sino como personas capaces de liderarla y enriquecerla con nuestras culturas, nuestras formas de crear comunidad y el valor que damos a la familia y al trabajo conjunto para enfrentar los grandes retos.
Dalia Palchik
Supervisora del Distrito de Providence
Para Palchik, esa representación puede encontrarse en muchos lugares: en la Junta, en las escuelas, en organizaciones cívicas y en otros espacios donde las nuevas generaciones pueden verse no solo como participantes, sino como futuros líderes.
También observa algo que le resulta especialmente significativo: un orgullo latino más visible entre adolescentes y jóvenes que el que ella recuerda de su propia infancia.
Andrés Jiménez nació en Bogotá, Colombia, y ha desarrollado una extensa trayectoria en el servicio público y el trabajo comunitario. Antes de incorporarse a la Junta de Supervisores, trabajó en distintos niveles de gobierno y en organizaciones dedicadas a asuntos ambientales y comunitarios. Desde esa experiencia, dice haber visto cómo el condado pasó de simplemente aceptar la cultura latina a abrazarla cada vez más como parte de su identidad.
Para explicarlo, prefiere hablar de escenas cotidianas.
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La presencia hispana se siente en las pequeñas cosas de cada día: entrar a una panadería o pupusería en Columbia Pike y ver a la gente sentirse un poco más cerca de casa, o ver una familia que dirige el mismo restaurante desde hace quince años y que se ha convertido en un pilar del vecindario.
Andrés Jiménez
Supervisor del Distrito de Mason

También piensa en familias que llevan años y años al frente del mismo negocio y terminan convirtiéndose en pilares de su vecindario. Para Jiménez, esos lugares muestran cómo los sabores, las costumbres y las relaciones terminan creando un sentido de pertenencia.
Su mensaje a los jóvenes es igualmente directo:
“Miren a sus padres. Miren todo lo que ya han logrado y lo mucho que han trabajado para construir una vida aquí en el Condado de Fairfax.”
Los anima a sentirse orgullosos de sus raíces, involucrarse, hacer voluntariado y acercarse a quienes los representan. Y deja abierta una posibilidad: que alguno de ellos termine un día ocupando un puesto en la propia Junta de Supervisores.
Jiménez ve ese mismo compromiso con la comunidad en María Demarest. Para él, sus casi cuatro décadas trabajando con familias representan “la verdadera esencia de un servidor público”: alguien que se preocupa y quiere lo mejor para las personas.
María Demarest nació en Barranquilla, Colombia, y durante 37 años ha trabajado como enlace con las familias en la Escuela Primaria Bailey’s para las Ciencias y las Artes, ayudando a las familias —muchas de ellas inmigrantes— a comprender el sistema escolar, encontrar recursos y participar más activamente en la educación de sus hijos.
Ese trabajo también la ha puesto muy cerca de sus preocupaciones. Durante la ceremonia recordó el caso de un niño de primer grado profundamente preocupado por ser parte de una familia inmigrante y por las cosas que estaban ocurriendo a su alrededor.
Pero María también ha visto lo que ocurre con el paso de los años: hijos que llegan a la educación superior y madres a las que ayudó tiempo atrás que hoy son sus propias colegas como enlace con las familias en las Escuelas Públicas del Condado de Fairfax.
Para ella, ahí aparece con claridad el papel de la siguiente generación:

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La segunda generación tiene una doble responsabilidad: conservar la cultura de la familia y, al mismo tiempo, aprovechar las oportunidades para obtener una buena educación.
María Demarest
Enlace con las familias, Escuela Primaria Bailey’s para las Ciencias y las Artes
Demarest recuerda también que hablar de herencia hispana no significa hablar de una sola cultura.
Durante la ceremonia describió a la comunidad como un mosaico de países y tradiciones de América del Sur, Centroamérica, Norteamérica, el Caribe y España. Destacó contribuciones que van desde la construcción, los restaurantes y el cuidado infantil hasta la ciencia, la tecnología, la educación, las artes, la música, el cine y la literatura.
Después de casi cuatro décadas trabajando con familias, dice que una de sus mayores satisfacciones sigue siendo poder ayudar.
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Es un placer levantarme, trabajar y regresar a casa con la alegría de cada día y decir: hoy pude ayudar a alguien en necesidad.
Una proclamación se lee en unos minutos. Una comunidad se construye durante generaciones.
Está en la madre que llegó a clases de inglés y después comenzó a trabajar. En la familia que mantiene abierto un restaurante hasta convertirlo en parte del vecindario. En los padres que llegan a una escuela sin conocer bien el sistema y en quienes los reciben y acompañan.
Está en las madres que un día necesitaron orientación y que años después regresan para ayudar a otras familias.
Y está en los jóvenes hispanos que crecen entre más de una cultura, llevan consigo las historias de quienes llegaron antes y comienzan a verse como los maestros, empresarios, servidores públicos y líderes de la próxima generación.
Del esfuerzo de quienes llegaron a las posibilidades de quienes vienen detrás, ese recorrido es también parte de lo que el Condado de Fairfax celebra durante el Mes de la Herencia Hispana.
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